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Una joya histórica, el Balneario Jockey Club, un escenario para el verano

De cómo esta sede deportiva pasó de ser una obra de la Modernidad a una puesta en escena de la vida veraniega.

Se podría decir que fue el ingeniero Antonio Vilar el introductor de la arquitectura moderna en Buenos Aires cuando en 1931 completa la sede del Hindú Club en el barrio de Constitución, canónicamente considerada la primera obra moderna argentina. En 1935, el arquitecto Luis Pico Estrada proyecta el balneario del Jockey Club de La Plata, en Punta Lara, sobre la costa del río. En el arco que va del año 31 al 35, la arquitectura moderna aparece plenamente incorporada a la cultura argentina, sobre todo teniendo en cuenta el grado de legitimación social que implicaba que el más tradicional y exclusivo club platense la adopte para su sede. Pero si en el Hindú Club, Vilar ensaya un lenguaje de extrema neutralización –y con inflexiones ingenieriles- proveniente en gran medida de producciones alemanas contemporáneas, para 1935, cuando Pico Estrada, proyecta el Jockey Club, el experimento moderno argentino ya había incorporado un mayor reportorio formal, y había extendido su aceptación a amplios sectores sociales. Sin embargo, Pico Estrada, avanza un poco más aún en la búsqueda de una imagen más intensamente articulada con el programa recreacional y festivo del balneario. Algo parecido a lo que poco tiempo antes, en 1933, los arquitectos Birabén y Lacalle Alonso habían ensayado en una pieza única en el panorama argentino: el balneario Costa Buero, en Mar del Plata, que sería demolido apenas dos años después de inaugurado para construir la urbanización Playa Grande.

El proyecto de Pico Estrada, utiliza algunos elementos, presentes en el Costa Buero, aunque en una forma más limitada, que no separa tanto al balneario de otras obras modernas que para la época se estaban realizando en el país. Efectivamente, la fachada de acceso sobre la avenida Costanera, resultaba seca y austera con excepción del acceso remarcado por el cuerpo circular de la escalera, rematado por una losa sombrilla. Hacía atrás, el edificio se abría hacía la playa y el río, contenido por unos muros curvos de piedra. En 1938, después de haber ampliado el extremo izquierdo del edificio con un cuerpo cilíndrico, Pico Estrada se desliga del proyecto, y las sucesivas ampliaciones y revisiones van a estar a cargo de Julio A. Barrios, ingeniero platense que había seguido en sus obras en La Plata un código lingüístico muy similar al que había desarrollado Vilar después de 1931. Entre 1938 y 1945, Barrios realiza varias ampliaciones y modifica la fachada hacia la costanera transformándola en una tensa superficie curvada. También cerró una galería para crear un nuevo salón comedor, un salón de baile sobre la terraza existente, y amplió el terraplén, perdiéndose definitivamente la estrecha relación del edificio con la playa. Sin embargo, se mantienen del proyecto original la pileta y su elaborado sistema de pasarelas y escaleras que cumplieron un rol fundamental en la definición de la imagen del conjunto. Efectivamente en estas piezas, Pico Estrada sobrepasa la instancia de la modernidad ortodoxa forzando el vocabulario moderno, e incluso contaminándolo con elementos provenientes de la iconografía futurista y cinematográfica, que solo puede ser entendido a través de la puesta en escena de la vida veraniega: los deportes acuáticos, los cuerpos bronceados y los nuevos trajes de baño, breves y ceñidos de los años 40.