Saint-Gobain Argentina S.A.

Escuela Sustentable

El proyecto de la escuela siglo XXI muestra que el diseño sustentable puede y debe adaptarse a todas las tipologías de edificios, tanto privados como públicos, para mejorar la calidad de vida de los habitantes y los vínculos comunitarios.

El Premio Nacional de Arquitectura Sustentable organizado por la Sociedad Central de Arquitectos (SCA) y Weber Argentina ha seleccionado en la categoría “Proyecto y Obra de Arquitectura” a la Escuela Siglo XXI, un proyecto que ya había ganado otros galardones vinculados a las edificaciones educativas.

El proyecto de González Moreno, Saccone, Villordo y Batarev es fruto de un Concurso Nacional de Anteproyectos “Hacia una Nueva Arquitectura Escolar”, organizado entre el Ministerio de Desarrollo Urbano y la Sociedad Central de Arquitectos en 2012. Luego de este galardón, los ganadores pudieron completar su tarea con la documentación y la dirección de obra, lo que muestra la capacidad de la arquitectura para incorporar la sustentabilidad de forma natural y efectiva, sin caer en la “imaginería sustentable” ni en la adición de “gadgets tecnológicos-ecológicos”. Ya en construcción, lindera a lo que se denomina “Parque Donado Homberg”, diseñado sobre la traza de la Ex AU3 a su paso por Villa Urquiza, la obra se emplaza en una zona en expansión de la ciudad, y en ella convivirán una nueva escuela primaria de jornada completa, una escuela infantil y un Instituto Superior de Profesorado de Educación Especial.

Los elementos diseñados baja parámetros bioambientales y criterios de sustentabilidad que aparecen en la escuela, conjugan el uso de paneles fotovoltaicos que minimizan el consumo energético tradicional con un sistema de recuperación de agua de lluvia y la incorporación de especies vegetales de bajo requerimiento de agua. Se prevén además un sistema de recolección de aguas pluviales y terrazas verdes transitables que se utilizarán tanto para actividades de recreación como para fines pedagógicos. Estas terrazas, un verdadero hallazgo en términos de programa, serán de dos tipos: una contará con vegetación implantada que incluirá especies como euriops, sedum, stipa, romero (rosmarinus) y lantana cámara. La otra tendrá con vegetación naturalizada que será espontánea, crecerá naturalmente, no requerirá de un alto mantenimiento y permitirá que los niños tomen contacto con especies autóctonas. Las terrazas serán recorribles y tendrán bancos. Además, habrá huertas en los tres niveles de balcones.

Al tener el terreno una entrada sobre la calle Holmberg y otra sobre Pedro Rivera, el proyecto propone una gran vía de circulación interior en forma de “L” denominada la “calle educativa”. Allí habrá un patio cubierto y uno descubierto, SUM, biblioteca, aulas especiales, talleres, gimnasio, áreas de servicios y numerosos espacios verdes. Los vecinos también podrán acceder a estas áreas para que así puedan utilizar el predio como un espacio público más. Además, habrá huertas orgánicas para integrar el aula con el exterior.

De acuerdo a la memoria del proyecto, los valores o estándares tenidos en cuenta para su ejecución fueron: la integración de la escuela con el sitio y la comunidad, el incentivo a la práctica comunitaria, la identificación de la escuela como un punto de sociabilización del barrio y el fomento a espacios a través de grupos participativos, favoreciendo la sociabilización entre los alumnos, docentes, padres y la comunidad. La consideración de espacios aptos para el cultivo y de estudio de especies tuvo como principal objetivo el conocimiento y el compromiso no solo de alumnos sino también de vecinos en materia de sustentabilidad y cuidado del medio ambiente. Desde lo conceptual, al retomar la idea de escuela como lugar público y significativo de la ciudad, este proyecto concibe al edificio como corredor urbano, acogedor y abierto a la ciudadanía, diferenciándose así de la vieja idea de la escuela como una “institución” alejada de la sociedad. Esto la convierte en una escuela democrática donde tanto alumnos como docentes y padres pueden convivir y disfrutar de diferentes espacios relacionados entre sí.

Este concepto, basado una idea de arquitectura activa dando respuesta a los nuevos modelos sociales, fue especialmente considerado por el Jurado del Premio, ya que según el dictamen, en esta obra “la significación social que implica la apuesta por la sustentabilidad aplicada a los equipamientos públicos, y de modo particular a los equipamientos escolares”.

En ese sentido, se consideró que las escuelas son el lugar de aprendizaje y formación de los futuros ciudadanos, en cuyas manos depositaremos la continuidad de nuestra sociedad, por lo que es fundamental que entre ellos convivan las opciones sustentables que plantea el proyecto. En palabra de los jurados: “Dejaremos un mundo complejo, con importantes déficits ambientales y sociales, y con un cambio climático en alza que resulta ya imposible de no reconocer”. Además, la escuela presenta una dimensión y un grado de complejidad y realismo que le permite servir de referente para los nuevos emprendimientos en ámbito urbano, lo que le confiere al proyecto una singularidad plausible de replicar.

La sustentabilidad en esta propuesta de González Moreno, Saccone, Villordo y Batarev se formula con instrumentos básicamente arquitectónicos, como la forma, la estructuración del espacio, la distribución que permite usos diversos a los meramente lectivos, la calidad y durabilidad de los materiales, o la integración e idoneidad de los sistemas técnicos de las instalaciones. Toda esta enorme capacidad de respuesta se formula a través de un encargo fruto de un concurso público, que reconoce a los autores como responsables del proyecto y la obra, y les permite -y exige– desarrollarla en su totalidad.

Educar con el ejemplo

por Gonzalo Uranga , Director de Marketing de Weber Argentina.

Incorporar el criterio de sustentabilidad en la arquitectura escolar supone un doble desafío. Por un lado asume que la infraestructura moderna vinculada a la dinámica educativa debe contemplar un sistema de enseñanza nuevo, que no sólo se limite a considerar al dispositivo áulico como el único lugar donde se imparte el conocimiento, mientras que las zonas en común como patios y pasillos es donde produce la recreación. Esta nueva arquitectura debe tener presente que la educación se promueve en todos esos espacios al mismo tiempo, sin distinción de horarios y recreos. Es por eso que la obra de los arquitectos González Moreno, Saccone, Villordo y Batarev reúne las condiciones para ganar el Premio de Arquitectura Sustentable SCA y Weber Argentina, ya que incorpora a esos espacios integrales (donde educación y recreación se mezclan) distintos mecanismos de sustentabilidad, haciéndolos mucho más permeables a los usuarios.

Así, los actores involucrados –alumnos, profesores, personal no docente y padres– mientras se trasladan por la institución pueden concientizarse sobre los valores del cuidado del medio ambiente y las nuevas formas de energía. El uso de paneles fotovoltaicos minimizando el consumo energético tradicional, la ventilación cruzada para permitir la renovación de aire natural en los ambientes y el sistema de recuperación de agua de lluvia; junto con la utilización de cubiertas verdes y el sistema de protección solar y oscurecimiento, son algunas de las estrategias por fuera del espacio tradicionalmente considerado como didáctico (el aula) que no sólo aleccionan sobre nuevas maneras de relacionarse con el medio ambiente sino que también muestran su eficacia al ser fundamentales para la existencia del edificio. Finalmente, los sectores de juegos realizados con material reciclado y con espacios aptos para cultivo y de estudio de especies, fomentan el conocimiento y el compromiso no solo de alumnos sino también de vecinos en cuanto a sustentabilidad.

Ya galardonada previamente por innovar en términos de infraestructura escolar, la Escuela Siglo XXI evoca en nosotros, que hemos venido planteando como empresa hace muchos años la importancia del cuidado del medio ambiente como un eje fundamental en nuestras políticas y productos, la sensación de que se mezclan en ella dos grandes variables para hacer de un mundo más saludable posible: la educación y el respeto por el hábitat.